
Ayer me agregó a facebook un amigo que no veía fácil hace 20 años. No me acuerdo de cómo lo conocí pero como era muy buena para andar enamorándome en esa época (un poco más que ahora), obviamente me enamoré de él. Y ayer supe que él de mi. Nos hablamos en el messenger un rato y me contó qué era de su vida: es instructor de esquí en Andorra (de ahí justifico lo guapo que está) y está pasando por un dolor que no quiero ventilar acá por respeto a él. Uff. Qué raro fue hablar después de tanto tiempo y conversar de lo que nos pasaba hacía 20 años, de unos malos entendido que hicieron que nos alejáramos. Me acuerdo que cuando nació la Mandi él andaba en USA y me mandó una postal felicitándome. Desde ahí nunca más supe de él, hasta ahora. Anunció visita para mediados de año, porque hace clases en las Termas de Chillán y me prometió enseñarme a esquiar a mí y a la Mandi, algo que me da franca lata, pero me lo ofreció como regalo, tener un instructor de esquí para mi solita por un día completo. Qué lindo él.
Mientras chateábamos, me llamó el chico con el que salía hace un par de meses y con quien nos la hemos pasado de mal entendido en mal entendido, partiendo con que se quedó con la idea de que di punto final a nuestra relación mediante mensaje de texto. Me llamó para invitarme a comer, a lo cual le dije que no porque siempre terminábamos en entuertos y que eso me agotaba. Insisitió en que yo soy ligerita de genio, que él a veces es torpe, pero que cómo vamos a pasarnos la vida en eso sin conversar, si mal que mal cuando salíamos lo pasábamos tan bien. Me pareció un buen punto. Aún cuando insistí en el no, creo que podría considerar una salida.
Al minuto siguiente hablo con mi amigo Jóse. Con él fuimos compañeros de colegio y tuve una discusion el año pasado con la que quedé mal porque sentí que me juzgó. Me enojé tanto con eso que no le hablé por un buen tiempo. Concretamente no lo veía desde esa fecha. Nada, que qué haces, no mucho, sola en la casa, te voy a ver y llevo algo para beber. Llegó con unas coronas heladitas y copuchamos de la vida. No tocamos el tema del año pasado hasta que le dije cómo me había sentido. El jamás se enteró de mi molestia ni de todas las mini juntas con mis amigos hombres del colegio a las que dejé de asistir porque iba a estar él (que tonta). Todo por no hablar a tiempo ni decir las cosas en su momento.
Ayer me reencontré con tres amigos de tres épocas distintas. Tres amigos con los que me malentendí y con los que terminé mejorentendida que antes. Y uno que se la pasa a veces refunfuñando por cosas que no tienen tanto sentido y se queda pegada en leseras. Qué pérdida de tiempo digo yo.
La foto del post la tomó José Miguel Larraín. El Jóse. El es pintor y aunque sus pinturas no son de mi total gusto, sus fotos sí las encuentro increíbles.





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