Soy feliz. Soy feliz y me doy cuenta bastante veces al día que hago cosas que me gustan, y las que no me agradan tanto, las adorno con música o conversas entretes.
Desde hace tiempo, soy feliz y soy más libre que antes. No completamente, pero más que el año pasado, y sin duda más que el antepasado.
Soy feliz:
Porque me levanto en la mañana y despierto a la Mandi y ella se va a acostar a mi cama y llevo una bandeja con tostadas, mermelada, quesillo y café calientito con leche para las dos.
Porque tengo laptop que me permite hacer informes desde mi cama, con más cafecito, escuchando a la Mandi ducharse y mientras miro por la ventana amenece despacito y pienso que mi día se viene pesado, pero que podría no tener pega y eso sería peor.
Porque puedo elegir entre hacer los informes rápido y que me quede tiempo para llevar el almuerzo en un tupper y comer con mis amigas de la consultora o ir más lento y almozar en mi casa escuchando música.
Porque mi mamá me puede llamar por teléfono desde Concepción todos los días para preguntarme mil veces si a la Mandi se le pasó el resfrío y si tengo pruebas (porque se le olvida que ya me gradué) pero me acuerdo de cuando estaba en la UCI con su derrame cerebral y creí que nunca más volvería a verla y se me pasa la maña.
Porque le enseñé a mi papá (con paciencia sacada de un monje zen) a ocupar el gmail y ahora me escribe todos los días mails que abro con una sonrisa pegada en la cara, donde me cuenta detalles de su vida y me da sus opiniones, a veces medievales, pero que me producen una emoción que nunca pensé iba a sentir hacia él.
Porque llamo a la Isidora y me pregunta "¿vas a venir?, ¡hace tiempo que no te miro!" y yo me transformo -en plena oficina- en una masa rosada de amor, que me tienen que armar de a poco para que vuelva a entrevistar.
Porque tengo a mi hermano acá conmigo y que cuando tengo problemas o le quiero contar una gran noticia, sé que me va a contestar el celular, aunque esté ocupado, y me va a felicitar o me va a ayudar altiro.
Porque tengo amigas bakanes en Santiago, de las que tengo plena seguridad que si las llamo se van a cuadrar en mi puerta, dispuestas a ayudarme en lo que necesite.
Porque cuando se me pierde el horizonte, está la Monkita en Concepción que me centra y me prende los neblineros y me hace reír con sus historias del alcalde de Chiguayante y de esa realidad paralela en la que trabaja.
Porque todas las tardes tengo la maravillosa posibilidad de entrevistar a 4 personas y conocer lo que piensan de dónde vienen, como se enfrentan a la vida.
Y aunque a veces me inunde la pena, el miedo y la sensación de soledad, quise escribir esto para recordar las cosas que hacen que mis días sean en su gran mayoría simplemente felices.





Qué linda eres por escribirme, muchas gracias.
Gabriela