Me acuerdo que era jueves cerca del medio día, cuando me tocó exponer mi genograma en el taller. Había sido difícil escudriñar mi historia familiar, fue dificil escribirla y fue difícil contársela a mi grupo. Pero sin duda, lo más difícil fue escuchar lo que había sido evidente para todos y nunca lo fue para mi: el que había sido víctima de malos tratos. Me acuerdo del momento exacto en que esa información ingresó a mi conciencia y se produjo algo parecido a una explosión cerca del cuello, que bajó lentito por los hombrosy se instaló en mi guata. Miré
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